Relatos Mandive · Nº 1

Cómo surgió Mandive

Por Taibo y Machu · 7 min de lectura

Hola, somos Alberto y Rigoberto (coño, rima y to’), pero para los amigos somos Taibo y Machu. Así que ustedes pueden llamarnos Taibo y Machu. Taibo porque es el primer apellido de papi y Machu… porque mis amigos no tienen corazón.

Hoy te vamos a contar cómo nació Mandive, pero antes te voy a contar cómo nos conocimos nosotros.

Todo empezó cuando todavía no nos había salido la primera cana, ni los primeros pelos en la nariz, cuando no se había caído todavía ni un pelo de la cabeza y las patas de gallo se veían bien lejos. Nos conocimos en la secundaria, unos 17 años atrás. Mismo grado, pero diferentes aulas. Así que na’, como se dice en el buen cubano, nos conocíamos de vista.

Y así pasó el tiempo… de vista.

Hasta que llegó ese momento en la vida de un hombre donde te armas de valor, coges tu hombría, la metes en una mochila, te olvidas de lo que quieres, te jodes y te vas al Servicio Militar Obligatorio. (Si no lo has vivido, perdona a tu ex de una vez. No era tan malo como pensabas).

Ahí nos volvimos a encontrar, pero esta vez en el mismo cuartel y con el mismo deseo: terminar lo antes posible y salir de aquel infierno.

Esos momentos de la vida en que todo se junta, donde tu socio, que también está embarcao, de repente es tu psicólogo y viceversa. Donde cada cigarrillo tenía un valor incalculable, pero había que partirlo a la mitad. ¿Alguna vez te has compartido un bate entre varios amigos? Yo creo que de ahí nace nuestro sentido de comunidad. (Menuda propaganda).

Bueno, de aquellos momentos de “tranquilo, papá, yo te hago la guardia”, de aquellos momentos de “tranquilo, papi, no vale la pena, te vas a desgraciar la vida si haces eso”, salimos nosotros.

Bueno, suficiente de nosotros.

Mandive.

Ups… olvidé lo más importante. Tanto Mandive como nosotros nacimos en la misma tierra: Santa Clara, una ciudad en el medio de Cuba. O así pensábamos nosotros hasta que nos fuimos. Ahora nos damos cuenta de que era un trocito de tierra, un pueblito donde todo el mundo se conocía y donde, con la cantidad de cosas que se vivieron allí, se puede hacer una página de Instagram solo para chismes.

Bueno, ahí nació Mandive.

Aunque, si vamos a contar esto bien, tenemos que retroceder un poquito más. Más o menos a los 16 años, Taibo empezó a hacer maní con unos amigos de la secundaria. Ahí cogió la técnica y tuvo su primer contacto con el maní. Y así pasó el pre, entre una cosa y otra, haciendo maní.

Y entonces llegó el verde.

Ya sabes cómo va esto. Todo se interrumpió, cambiaron los planes y la prioridad era salir de ahí. Después vino Agronomía —la carrera—, pasó bastante agua por debajo del puente y alguna que otra águila por el mar, y ahí ya llevaba un buen tiempo sin hacer maní.

Mientras tanto, Machu empezó a trabajar para una familia muy especial (saludos, familia, se les quiere) mientras estudiaba Ingeniería Mecánica, haciendo el clásico maní cubano que se vendía en las paladares y entre pequeños comerciantes. Y bueno, cobraba por su mano de obra para sacar la escuela adelante y pagarse los vicios menores.

Machu empezó a ver cómo funcionaban las máquinas de maní y a pensar qué se podía hacer para hacerlas más eficientes y sacar nuevos productos. Tú sabes, la edad de ser curioso y creativo. Y aunque se dice por ahí que la curiosidad mató al gato, esta vez el gato descubrió una mezcla con un sabor y una textura mucho más potentes.

Y un día, nosotros conversando, como tantas otras veces, empezamos a hablar de maní. Uno ya lo conocía desde los 16 años y ahora estudiaba Ingeniería Agrónoma. El otro estudiaba Ingeniería Mecánica y estaba obsesionado con las máquinas. No sabemos muy bien en qué momento aquella conversación se nos fue de las manos, pero terminamos tomando una de esas malas decisiones que, con el tiempo, parecen buenas: hacer algo juntos.

¿Y qué tú crees?… A soñar en grande.

Taibo: que si compramos no sé cuántas hectáreas de tierra en no sé dónde, porque en esa zona el maní crece mejor porque no sé qué…

Y Machu pensando en hacer un Transformer que hiciera maní. Una máquina única.

“EN CUBA”.

Ay, mi madre… soñar con semejante invento en Cuba. ¿Qué estaría fumando esta gente?

¡Divina juventud!

Por cierto, para ponerte en contexto, de esto hace ya unos nueve años.

Así que sí: Mandive es un niño de nueve años.

Así que ya ves, Mandive se convirtió en un pequeño proyecto que proponía un maní artesanal, con una textura y un sabor diferentes, para compartir con los amigos y la familia. Esos fueron nuestros primeros customers. Y también fueron ellos los que nos impulsaron.

De ellos no hemos hablado aún porque queríamos que primero le pusieran caras a las manos detrás de Mandive. Pero, aunque suene cursi, en cada barra están nuestras manos y el corazón y la mente de muchos.

De aquellos que ayer nos ayudaron a diseñar la caja (de la cual hablaremos en otro post). De aquel que me prestaba la bicicleta pa’ repartir porque la mía estaba ponchá. De aquellos que nos prestaron dinero. De esos amigos y esas familias que, cuando llegamos a Miami, nos abrieron las puertas de sus casas, nos ofrecieron el colchón inflable más lujoso de todo Miami y siempre tuvieron un plato de comida calentito para nosotros. De esos que hoy nos ayudan a crear la página web. De esos que nos comparten en sus historias. De esos que les piden a sus amigos con muchos seguidores que nos den una oportunidad y luego nos dejan su testimonio en las redes.

De esos que no están en Miami y nos comparten en Madrid, en Perú, en Cuba, en Argentina.

De esos que nos ponen una mano en el hombro.

Porque detrás de las letras hay dos amigos que también, a veces, se han cansado.

Nosotros somos Taibo y Machu. Mandive son ustedes.

Me encantaría decir que Mandive es felicidad con grasa y azúcar, pero hay más. Hay cosas no tan bonitas, aunque el resultado sea genial. Porque en la vida hay de todo, aunque las redes sociales solo pongan lo bueno.

En Mandive también hay un padre y una madre que rezan para que sus hijos estén bien, que han sufrido solo de pensar en lo que pudiera haber pasado en esa travesía. En Mandive está la historia de deudas solo para llegar hasta aquí. Está la espera de muchos años en los que el sueño tuvo que detenerse y no pudo crecer. En Mandive hay un socio que se extraña y una discusión de pareja.

En Mandive está el vecino que decía: “Este muchacho está embarcao”, y la madre del amigo que decía: “Estos niños van a ser grandes”.

Mira, socio…

en Mandive hay FE.

Firma: MandiveShop Mandive

Turrón de maní cubano
Hecho a mano en Miami